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La Abadía de San José, como buena casa de espiritulidad y de silencio, ofrece a sus habitantes diferentes espacios, debidamente acondicionados, para que puedan orar, encontrarse consigo mismos y ponerse en manos de Dios.

De esta forma, toda la casa está salpicada de pequeños oratorios y capillas que harán la delicia de aquellas almas más contemplativas y que buscan un momento de silencio y reflexión.

Desde modernos oratorios, hasta bellas capillas, como la de los Dolores, de principios del siglo XX.

Uno de los oratorios de los que dispone la Abadía de San José

 

Apenas cruzamos el sencillo hall de entrada nos hallamos frente al patio central de la Abadía. Es un claustro porticado. Es un bello recinto adecuado al gusto levantino, amplio, luminoso y porticado. Sobre las arcadas, resultas en ladrillo cara vista, se levanta el primer piso todo él dotado de amplios ventanales triforios, que en el segundo piso rematan en delicados ajimeces, a los que prestan elegancia los graciosos parteluces que les divide. El claustro, rodeado de una elegante balaustrada, es el clásico claustro levantino español.

Ocupa el centro del claustro una escultura de Luis Amigó en actitud de bendecir. Está rodeada de un cuidado pradillo enmarcado por cuatro cicas. Las parábolas de la misericordia, que centran la misión de sus hijos espirituales, adornan el sobrio pedestal. Patio y claustro vienen enmarcados por cuatro palmeras gigantes, plantadas ya en vida de su Venerable Padre Fundador. Y está alicatado en cerámica de Onda. Es un patio sobrio, sencillo, pero sumamente acogedor. Constituye el corazón de la Abadía de San José.

Vista parcial del claustro interior de la Abadía de San José

 

Abandonamos el claustro interior por una puerta lateral y accedemos a la iglesia de la Abadía de San José. El templo, de estilo neogótico, de tres naves desiguales, amplio y espacioso, está bien cuidado y perfectamente iluminado.

La nave central, y en su pared izquierda, sobre arcos rebajados, muestra siete ajimeces de ensueño, que agrupan los siete dolores de la Virgen, madre y patrona de la Congregación. Vienen recogidos en ajimeces de arcos trebolados y rematados por el ojival del gótico. Los siete dolores son copias de los que Janssens pintara para la catedral de Amberes y realizados por don José Corell. Remata el arco gótico una vidriera policroma que le proporciona mayor prestancia. En la pared de la derecha, en cambio, se recogen los siete dolores y gozos del Patriarca San José, obra asimismo, casi en su totalidad, del artista godellense citado.

En las naves laterales, de menor alzada que la central, nueve altares góticos recogen las devociones más significativas de los religiosos amigonianos. Son el altar del Sagrado Corazón y el de la Virgen de los Dolores, en el testero de las respectivas naves laterales. Luego viene el de la Virgen de los Desamparados, el de la Virgen del Pilar, de san Francisco, de la Inmaculada , de san Antonio, de las Almas y, finalmente, el de los mártires de la familia amigoniana, de reciente creación. Hay que decir que de los 23 mártires amigonianos, todos ellos realizados en altorrelieves y en madera de abedul, seis de los representados formaban parte de la fraternidad de la Abadía de San José en el momento del martirio.

Vista general de la iglesia de la Abadía de San José

 

DISEÑO: Kerigma, diseño y mensaje | © 2007 RR. TERCIARIOS CAPUCHINOS. Seminario San José. Godella (Valencia)